El amor en tiempos de crisis

 Amor, Ciclo, Reloj De Arena, Tiempo

He estado pensando durante mucho tiempo en escribir sobre este tema: el amor. Como todo ser humano, alguna vez me pregunté qué era, qué significaba, si realmente existía.

Pero entonces, ¿por qué he sobre pensado tanto este tema? Y es que, ¿Qué significa el amor? ¿Qué significa amar? ¿Cómo aprendemos a amar?

Usamos demasiado este termino como si fuese algo que en primer lugar entendiéramos y la realidad es que no es así. hay muchas definiciones para esta palabra pero la realidad es que todas son subjetivas:

Si nos vamos a la Filosofía  el amor ha sido entendido como una forma de carencia. Platón lo definía como el deseo de poseer el bien de manera permanente, es decir, una búsqueda constante de aquello que sentimos que nos falta. Amar, en este sentido, no es tener, sino aspirar.

Por su parte, Aristóteles le dio un giro al definir el amor como el acto de querer el bien del otro. Aquí el amor deja de ser solo deseo y se convierte en una relación basada en la intención, la reciprocidad y el compromiso con el bienestar ajeno.

Siglos después, Erich Fromm rompe con la idea romántica del amor como algo que simplemente “se siente” y lo plantea como una práctica activa. Para él, amar implica cuidar, responsabilizarse, respetar y conocer; no es un estado pasivo, sino una construcción constante que requiere disciplina y conciencia.

Santo Tomás de Aquino retoma la idea del amor como voluntad, afirmando que amar es querer el bien del otro. Sin embargo, su visión incorpora un matiz espiritual, donde el amor trasciende lo emocional y se convierte en una decisión guiada por principios más elevados.

Finalmente, desde el psicoanálisis, Jacques Lacan ofrece una de las definiciones más complejas y, a la vez, más inquietantes: amar es dar lo que no se tiene a quien no es. En esta perspectiva, el amor está atravesado por la falta, la ilusión y el deseo, revelando su carácter profundamente contradictorio e inestable.

Y podría pasar todo el día mostrando las diferentes definiciones e ideas del amor que, como puede verse, son profundamente subjetivas. Sin embargo, el problema no recae únicamente en la ambigüedad del concepto, sino en algo mucho más fuerte: vivimos usando una palabra que no entendemos, y aun así dejamos que muchas de nuestras decisiones (a veces impulsivas) se guíen por ella.

Aquí es donde surge el problema más grande: creer que sabemos amar.

Formamos relaciones desde esa falsa certeza, idealizamos a las personas, construimos expectativas irreales y, en muchos casos, desarrollamos una dependencia emocional que confundimos con afecto. No amamos desde el conocimiento, sino desde la intuición, el deseo o incluso el miedo.



 

Aprendemos el amor antes de entenderlo

Aquí está una de las claves y es que sin necesidad de ser psicólogos, podemos reconocer ciertos comportamientos y patrones que se repiten. Si lo pensamos, nuestra “escuela del amor” comienza en el núcleo familiar. Desde pequeños observamos cómo se relacionan nuestros padres, y a partir de ahí empezamos a normalizar y construir una idea de lo que significa amar: si hay afecto, si es recíproco, si existen los celos, si hay distancia o cercanía.

Después crecemos. Vemos películas, leemos libros y vivimos nuestras primeras experiencias. Todo esto, inevitablemente, moldea nuestra forma de entender el amor. El problema es que muchas veces estos referentes son ficticios o están distorsionados, lo que nos lleva a construir expectativas poco realistas.

Ahora, si a esto le añadimos el impacto de las redes sociales (que hoy juegan un papel fundamental), se crea una especie de fórmula perfecta para no saber amar. Y no estoy exagerando.

Hoy en día, las relaciones funcionan casi como la comida rápida o el contenido en TikTok: buscan inmediatez. Todo tiene que ser rápido, fácil, sin demasiado esfuerzo. Las personas parecen volverse reemplazables, como si siempre hubiera alguien más disponible a un clic de distancia. Basta observar cómo muchos jóvenes, incluso a los 18 años, han pasado por varias relaciones, lo que evidencia no solo experiencias acumuladas, sino también una posible dificultad para sostener vínculos a largo plazo.

Y aún hay algo más: la validación digital. Con las redes llegaron los “likes”, los seguidores, los DM. Nuevas formas de atención que, aunque parecen inofensivas, han terminado influyendo en la estabilidad de muchas relaciones. Nadie puede negar que, más de una vez, alguna de estas dinámicas ha sido el detonante de conflictos o incluso rupturas. 
No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no saber amar - Albert Camus






Modernidad

Y es aquí donde el problema deja de ser individual y se vuelve generacional.

Vivimos en una época donde nadie sabe realmente lo qué quiere, pero aun así todos entran en relaciones. Personas con el corazón roto intentando amar a otras personas igual de rotas. Y el resultado casi siempre es el mismo: vínculos frágiles, intensos al inicio y desgastados en poco tiempo.

Y lo más alarmante es que todo esto se ha normalizado. Basta con mirar a nuestro alrededor (abrir cualquier red social) para darnos cuenta de que el desamor ya no es una excepción, sino casi una regla (un evento canónico como le dicen). Internet está saturado de canciones sobre rupturas, películas que romantizan el sufrimiento, videos de TikTok llenos de indirectas, decepciones y “casi algo” que nunca fueron nada.

Nos estamos acostumbrando a amar mal… y a sufrirlo como si fuera una parte inevitable.

Se habla mucho de amor, pero casi siempre desde la herida, desde el resentimiento o de la decepción. Desde lo que no funcionó. Y poco a poco, eso también educa. Porque si todo lo que consumimos nos muestra relaciones fallidas, inestables o dolorosas, terminamos creyendo que eso es el amor: algo que inevitablemente termina rompiéndose.

Nadie quiere sufrir al entrar en una relación, pero parece que seguimos, una y otra vez, los pasos necesarios para que eso ocurra. Seguimos educándonos mal, arrastrando ideas, heridas y patrones que no cuestionamos. Y en esto me incluyo, porque creo que, al igual que yo, muchos de ustedes tampoco saben amar.

Algunos tienen miedo a estar solos. Otros solo buscan pasar un buen rato. Otros actúan por impulso, pero se olvidan de la responsabilidad que implica involucrarse con alguien más.

Con este entrada no espero darte respuestas sobre cómo amar. No soy psicólogo. Pero sí busco mostrarte el problema, que lo identifiques y que, a partir de ahí, busques tu propia forma de enfrentarlo. Que intentes construir relaciones reales, más fuertes, más conscientes.

Y, sobre todo, que construyas tu propia definición del “amor”. No basada en lo que viste en TikTok o en una película, sino en la reflexión, en lo que has vivido, en lo que has aprendido.

Soy consciente de que muchas personas seguirán ignorando este problema. Y es que, en realidad, no es algo nuevo. Como decía José José: “todos saben querer, pero pocos saben amar” y ese seguirá siendo el problema...











y para aquellas personas que aman: no dejen de hacerlo, incluso cuando duela.

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