El Poder Del Anonimato

 


¿Y si un día dijéramos todo lo que pensamos?

¿Qué pasaría si un día saliéramos a la calle y dijéramos todo lo que pensamos? Seguramente nos meteríamos en problemas, porque muchas de nuestras ideas pueden no ser éticamente correctas. Aquí entra en juego la frase: "Debemos anteponer los principios a las personas o personalidades", lo que nos hace preguntarnos si debemos siempre decir la verdad o si, en cambio, es necesario cierto grado de autocensura para convivir en sociedad.

Pero espera… si no decimos ni hacemos todo lo que pensamos, ¿Quiénes somos realmente? Queramos o no, vivimos en una sociedad llena de hipocresía. Y si todos, en algún grado, nos adaptamos a las circunstancias, entonces... ¿somos todos hipócritas?

la hipocresía: un dilema inevitable

Si aceptamos que la hipocresía es parte de la sociedad, tenemos que definir qué nos hace hipócritas. Desde las ciencias sociales, la hipocresía es la disonancia(falta de conformidad que naturalmente debe tener algo) —consciente o inconsciente— entre los valores o ideales que una persona proclama y sus acciones reales. Desde la ética y la filosofía, es el reflejo de los constantes dilemas morales que enfrentamos entre lo que deseamos y lo que creemos correcto.

En este sentido, no ser hipócrita parece casi imposible. La percepción que una persona o una sociedad tiene de sí misma influye en su identidad. Por ejemplo, no es lo mismo un tonto que se cree inteligente que un tonto que reconoce su propia ignorancia. De hecho, admitir la propia ignorancia es un primer paso hacia la inteligencia, porque implica autoconciencia y la posibilidad de aprender.



Anonimato 

Todo lo que hemos mencionado sobre la hipocresía y la percepción que tenemos de nosotros mismos también se relaciona con una de las herramientas más poderosas y complejas de la sociedad moderna: el anonimato y es que ahora es casi imposible no hacer uso de esta herramienta, cualquiera puede crearse una red social, hacer un perfil e inmediatamente es alguien que si bien puede dejar de ser hipócrita su identidad es un misterio.  

Cuando estamos invisibles, ya sea en internet o en situaciones donde nuestra identidad está oculta, nuestras acciones y palabras pueden cambiar drásticamente. La barrera de la percepción social desaparece, y de alguna manera, es más fácil actuar sin las restricciones morales que nos imponemos cuando estamos identificados. Este fenómeno amplifica la hipocresía. A menudo, lo que pensamos, decimos o hacemos en anonimato no refleja nuestra verdadera identidad, sino una versión que se adapta a las circunstancias sin el peso de la auto-percepción pública. Pero aquí me surge una pregunta  ¿la verdadera identidad es aquella en donde no hay restricciones o aquella en donde las hay?

Aquí es donde entra en juego la contradicción: el anonimato no solo nos permite ser más libres, sino también más hipócritas, justo este es el peligro. El anonimato nos da libertad, sí, pero también nos hace más hipócritas. Sin la necesidad de ser reconocidos, nuestras acciones se desinhiben, pero al mismo tiempo se desconectan de nuestros principios. 

Cuando hay restricciones, como las sociales o morales, se nos permite descubrir quién somos en relación con los demás. Estas restricciones nos desafían a alinear nuestras acciones con nuestros valores y principios, y nos ayudan a encontrar un sentido de pertenencia o de coherencia social. En este sentido, las restricciones actúan como un espejo que refleja una parte importante de nuestra identidad: la que se ajusta a las expectativas sociales.

Por otro lado, cuando no hay restricciones, como en el anonimato, se abre un espacio donde podemos explorar aspectos más profundos de nosotros mismos. Aquí, la libertad puede revelar partes de nuestra personalidad que de otro modo estarían reprimidas o distorsionadas por el juicio externo. Sin embargo, la ausencia de restricciones también puede llevarnos a comportamientos que no necesariamente reflejan nuestra verdadera identidad, sino una versión "liberada" o incluso distorsionada de lo que somos.

Parece que la identidad se encuentra en el punto medio entre ambas situaciones. Esta se moldea dependiendo de los diferentes contextos, y es allí donde radica la complejidad del ser. Ahora bien, quiero que entiendan el porqué de mi interés en este tema. Para ilustrarlo mejor, analicemos los siguientes puntos:


  • Con restricciones

Podemos hablar de la realidad cotidiana, un espacio regido por normas, leyes y, por supuesto, la moralidad y la educación. Estas restricciones son las que mantienen el orden y la cohesión social. Si bien el mundo parece funcionar correctamente en su mayoría, si miramos más de cerca, notamos que esto se debe a la hipocresía. Las personas, por lo general, actúan conforme a lo que se espera de ellas, aunque a menudo lo que piensan o sienten no coincida con sus acciones. Esta discrepancia es una forma de hipocresía necesaria para vivir en sociedad.

  • Sin restricciones

Para ejemplificar un plano sin restricciones, pensemos en la deep web, un espacio anónimo donde se tiene acceso a toda clase de información. Sin embargo, ¿qué predomina en ese entorno? El mal: drogas, perversión, compra de armas, etc. Esto sugiere que, cuando al ser humano se le deja a su suerte, tiende a caer en lo negativo. No quiero decir que, por naturaleza, el ser humano sea malo, sino que, en su mayoría, se inclina hacia la corrupción cuando no hay límites. Si no me creen, basta con buscar información sobre lo que realmente se encuentra en esos rincones oscuros de internet, y verán que se pueden decepcionar profundamente de la sociedad.

  • El punto medio

Finalmente, tenemos las redes sociales, un campo intermedio entre las restricciones y la libertad. Aunque no estamos completamente anónimos (nombres, fotos, etc.), sí tenemos una mayor libertad de expresión. En las redes, podemos observar aspectos de ambos mundos. Es un espacio donde encontramos tanto personas que tienden a la productividad como aquellas cuyo comportamiento se acerca más a los extremos de la maldad. Este equilibrio nos muestra lo compleja que es la naturaleza humana, ya que, en un entorno relativamente libre, podemos ver tanto la mejor como la peor versión de las personas.



En última instancia, nuestra identidad no se encuentra exclusivamente en un entorno de restricciones ni en uno de total libertad, sino en la interacción de ambos. Las restricciones sociales, morales y legales nos dan un marco de referencia para actuar según lo que la sociedad espera de nosotros, mientras que el anonimato nos ofrece un espacio donde podemos enfrentarnos a nuestra naturaleza más cruda y auténtica. ¿Qué sucedería si nos diéramos permiso para ser más auténticos y honestos con nosotros mismos? ¿Qué cambiaría si nos permitiéramos ser más vulnerables y abiertos con los demás? La respuesta puede ser compleja, pero hay algo que es indiscutible: la autenticidad y la honestidad son esenciales para forjar relaciones más profundas y significativas, además de ser la base para construir un mundo más justo y equitativo.

El verdadero desafío, me atrevería a decir, es encontrar ese equilibrio entre ambos mundos, donde podamos disfrutar de la libertad sin perder nuestra responsabilidad y sin que las restricciones se conviertan en una cárcel para nuestro ser más genuino. Y sí, suena casi utópico, porque en esencia, el ser humano no es ni será nunca perfecto. Pero, ¿qué tal si, como personas, intentamos encontrar ese balance? Quizás podamos ser un poco menos hipócritas, o más honestos con nosotros mismos y los demás, dependiendo de lo que necesitemos en cada momento. Porque, al final, la vida no se trata de ser perfectos, sino de ser humanos, con todo lo que eso implica. Y a veces, lo que necesitamos es simplemente aceptar que no tenemos todas las respuestas, pero que podemos intentarlo.  :)





Referencias:

Castells, M. (1996). La sociedad en red. Madrid: Alianza Editorial.

Comentarios

  1. No siempre se puede hablar sin restricciones, sería lo ideal, si.
    De mi parte, si.
    Intento día con día.
    Te quiero, cuídate Ema.

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